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El fútbol argentino todavía estaba aprendiendo a caminar cuando conoció una de esas historias que después se vuelven parte de su leyenda. El 22 de septiembre de 1919, en medio de una crisis que venía de lejos, quedó constituida la Asociación Amateurs de Football. No fue una separación tranquila. Fue una ruptura hecha de sanciones, desafiliaciones y clubes que decidieron seguir jugando por su cuenta.

El detonante había sido una resolución disciplinaria que perjudicó a Vélez Sarsfield, entonces protagonista del torneo de Intermedia. Seis clubes —Estudiantil Porteño, Independiente, Platense, Racing Club, River Plate y Tigre— se plantaron frente a la Asociación Argentina. Otros siete, Atlanta, Defensores de Belgrano, Estudiantes de Buenos Aires, Gimnasia y Esgrima La Plata, San Isidro, San Lorenzo y Sportivo Barracas, acompañaron la protesta. La fractura quedó consumada.

También estaba en discusión el llamado "amateurismo marrón", aquella zona gris en la que el jugador seguía figurando como aficionado mientras recibía salarios o premios. Así nació una competencia paralela que no fue reconocida inicialmente por la FIFA, pero que con el tiempo adquirió carácter oficial para la AFA.

Racing inauguró la lista de campeones en 1919. Después llegaron River, nuevamente Racing, Independiente, San Lorenzo y otra vez Independiente. En 1926, finalmente, el laudo de Marcelo T. de Alvear abrió el camino de la reunificación.

Siete años de desencuentros quedaron atrás. Pero aquella división dejó una enseñanza perdurable: en el fútbol argentino, la pelota nunca rodó solamente dentro de la cancha. También jugó, y mucho, en las oficinas.

Autor: admin