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Alfredo Nicolás Porzio cruzó el Atlántico con la ambición de un país que recién empezaba a soñar en grande. En el velódromo de Colombes, frente a la elite mundial del peso pesado, alcanzó las semifinales. Allí cayó ante el noruego Otto von Porat, pero el bronce ya era suyo: la primera medalla olímpica argentina en la categoría más noble del boxeo.
Se retiró en 1930, cuando el ring todavía vibraba con su nombre. Entonces cambió los guantes por el traje de manager. Junto a su hermano Celestino “Tino”, guió las carreras de Eduardo Lausse, Rafael Merentino, Atilio Caraune, Gregorio “Goyo” Peralta y tantos otros que llenaron estadios y portadas.
Porzio murió el 14 de septiembre de 1976, precisamente en el Día del Boxeador. Como si el calendario quisiera recordarnos que su vida y su muerte quedaron selladas al deporte que amó. Hoy, más de un siglo después de su nacimiento, su historia sigue siendo la de un hombre grande, de cuerpo y de legado.
 

Autor: admin